Qué es el periodo de carencia y qué implicaciones tiene en un préstamo

Qué es el periodo de carencia y qué implicaciones tiene en un préstamo

Cuando se solicita un préstamo, especialmente una hipoteca, es fácil que la entidad que te la concede te indique que tiene lo que se conoce como un periodo de carencia. ¿En qué consiste este término y cuáles son sus implicaciones sobre un crédito? Hay varios aspectos que, como usuario, se deben tener en consideración.

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¿En qué consiste el periodo de carencia?

Primeramente, hay que familiarizarse con el término de periodo de carencia. Este no es más que una cláusula que se firma en un contrato crediticio que permite a la persona a la que se le ha concedido la financiación diferir el pago durante un tiempo determinado.

El Banco de España lo define así: “es el plazo durante el cual podrías pagar una cuota mensual más reducida, si pagas únicamente los intereses, o incluso nula si aplazas el pago total de las cuotas”.

Sería el caso, por ejemplo, de una hipoteca que se firma en julio, pero cuyas cuotas empiezan a cobrarse en septiembre –hablaríamos entonces de dos meses de carencia–. Para simplificar más el concepto, es el tiempo transcurrido desde el momento en el que la persona recibe un préstamo hasta que comienza a devolver el mismo. Simple y llanamente. 

Sectores como el bancario establecen relaciones contractuales con sus clientes a través de la concesión de créditos de toda naturaleza. En este sentido, es habitual que existan condiciones pactadas por las cuales el cliente deje temporalmente de abonar las cuotas para hacer que el préstamo en cuestión sea más atractivo para el usuario. 

La cláusula que tiene que ver con la carencia se aplica, casi siempre, durante las primeras fases del crédito. Es decir, no suele aplicarse un periodo de carencia en la mitad de la vida de un préstamo hipotecario. En estos primeros compases suele ser cuando la situación económica del prestatario es, a priori, más comprometida y de ahí a que las entidades financieras quieran conceder ese tiempo para favorecer al cliente con los pagos. 

La conveniencia de solicitar la carencia en un crédito

Una de las cuestiones que se debe considerar es si conviene solicitar esta carencia. Hay un hecho que se debe tener en mente y es que, gracias a la carencia, inicialmente la carga financiera será menor. Por el contrario, el tiempo que transcurra sin abonar las cuotas será tiempo de más que se tardará en devolver el crédito. 

Con el paso del tiempo las mensualidades se incrementan y, finalmente, se  acabará pagando más por no haber amortizado durante la primera fase del préstamo. Esa es la razón por la cual es fundamental analizar pormenorizadamente la situación económica de cada persona y su presumible evolución en el corto plazo y medio plazo

Pedir un periodo de carencia en el momento de solicitar financiación puede ser una opción adecuada si se está atravesando un mal momento económico. 

Los tipos de periodo de carencia

Tras decidir si puede convenir o no la carencia en un préstamo, el siguiente paso es observar en qué tipos de financiación se aplica y su utilidad. A grandes trazos, hay 2 tipos de carencia  que determinan la cantidad de dinero que se deja de pagar:

  • Carencia parcial: durante este plazo tan solo se devuelven los intereses del préstamo.
  • Carencia total: no se realiza ningún pago durante un tiempo concreto; no se amortiza capital ni tampoco se abonan intereses. 

Cabe destacar que el uso más habitual del periodo de carencia es en las hipotecas, con la que se conoce como carencia de amortización. Si en algún momento has solicitado un crédito hipotecario, es casi seguro que la entidad financiera te habrá informado sobre este concepto: pagar durante un plazo determinado solo los intereses sin amortizar capital

En estos supuestos se necesita hacer una distinción entre particulares y empresas. En el caso de un individuo que firma un contrato hipotecario, generalmente solo podrá acceder a él en una situación financiera saneada. Eso no garantiza, no obstante, que una vez que transcurrido un tiempo el prestatario pueda encontrarse en paro o haya contraído otras deudas. En estos supuestos podría aplicarse una carencia a mitad del crédito, aunque no es lo más habitual como se ha indicado anteriormente. 

La utilidad de los periodos de carencia

En tales situaciones, efectivamente, se puede negociar un período de carencia con el banco, excluyendo los pagos de intereses o de amortización del capital. Esto permite reducir en un porcentaje elevado el pago de la letra y, por tanto, permite amortiguar un problema financiero que, de no afrontarse, puede ser grave. 

Si se llega a esta situación, la parte de la amortización que no se lleva a cabo durante este período se pueden integrar en los siguientes pagos. Esto es un proceso común cuando todavía quedan muchas letras por pagar, aunque también existe la posibilidad de renegociar el período de devolución, ampliando el plazo. 

En lo que respecta a las empresas el proceso es semejante aunque también se debe ponderar también la situación global de la compañía, sus previsiones y el nivel de endeudamiento que tiene

Ante una situación financiera compleja en una compañía existen diversas opciones para buscar alivio. Una de ellas es solicitar periodos de carencia para los créditos que se estén devolviendo. Otra, por ejemplo, sería la reunificación de deudas. 

De este modo, tras la recuperación de la actividad de la empresa y de su volumen de ingresos habitual, la moratoria se cancela y se reprende el pago habitual de las deudas que tiene pendientes. 

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